¿El mapa no es el territorio?
Es un epigrama acuñado a Gregory Bateson y que pone en duda si las cosas que vemos, sobre las que hablamos y acerca de las cuales nos referimos por medio del lenguaje son bien representadas y/o definidas.
Actualmente vivimos dentro de una sociedad de la que heredamos una serie de conceptos, muchos de ellos abstractos en su totalidad y que han atravesado los siglos. Se trata de una forma indirecta, una noción de nuestra realidad que requiere de unos seres que comprendan su código específico para entrar en el juego de comprender la realidad. Su entendimiento nos aleja de la ignorancia y el desapego racional de nuestra existencia y los entes con los cuales convivimos.
No obstante, todas las conceptualizaciones de nuestro mundo y existencia tienen una dificultad, la forma en la que aprehendemos el mundo es imposible de objetivar las dimensiones tanto afectivas, emocionales y significativas que están contenidas en todas las modalidades lingüísticas de las cuales hacemos uso. La relación de esto, nuestro mapa, con el territorio, se comenta a partir de todos los procesos que llevamos a cabo en la comunicación, de interpretación, sensación, percepción, significación y las experiencias propias.
Desde mi perspectiva, los mapas no son el territorio ya que ellos no contienen toda la carga subjetiva de los procesos, deja fuera toda nuestra cultura ya que no incluye las representaciones simbólicas y los imaginarios que tenemos de nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Al ser seres sociales y con libre albedrío somos los responsables de la creación y transformación de los territorios ya que este es el resultado de una construcción colectiva y que se diseña constantemente con nuestra forma de habitar, percibir, transitar y hablar acerca de nuestro universo.
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